sábado, 6 de diciembre de 2008

Se revela, fluye
vive allí adentro
donde no hay escape
donde no hay lugar
para nada más,
para todo aquello
que lo aniquile,
la rabia,
el olvido,
el temor,
el odio.

No se vence,
esgrime su más filosa
espada
contra los fantasmas
del dolor
y de esta solitaria vida
que me elige cada día,
que me ahoga,
y me encadena a un deseo
insatisfecho, hambriento
insaciable, ingenuo.

Explota, recorre,
grita,
como un condenado
a muerte
que busca ser salvado,
liberado.
Quiere darse,
hacerse piel, beso,
manos, abrigo, alas.

Y todo alrededor
se hace recipiente
donde vuelco
lo que ya no cabe
en esta fuente perpetua
con cuerpo de mujer.


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